verde
domingo, 13 de diciembre de 2009
sábado, 12 de diciembre de 2009
jueves, 10 de diciembre de 2009
sábado, 5 de diciembre de 2009
Balance

Este fue un año en el que no hice nada.
Después del viaje, nada.
Ese espacio que de alguna manera llenaba la facultad quedó completamente descuidado.
Me di cuenta hoy en la muestra de fin de año de mi hermano.
Este año únicamente trabajé.
El call center que me llevó a volver a valorar lo que ya a fin del año pasado había decidido que no quería volver a hacer.
Ni siquiera leí un libro (después del viaje), absolutamente nada.
Y encima Adam Sandler en funny people diciendo que este es el tiempo que después vamos a añorar.
Estos son mis 25 años.
Sería hora ya de dejar de reclamarme todas las cosas que no soy.
Diciembre.
Hoy por lo menos museo.
"Si quieren saberlo todo sobre Andy Warhol, miren la superficie: en la superficie de mis pinturas, de mis películas, de mí mismo, es ahí donde estoy. No hay nada detrás".
viernes, 27 de noviembre de 2009
16/12/2006
Un hombre que observa, desde sí mismo, como él, o el otro, resultan ser iguales. El hombre no fuma, ni mueve nervioso sus manos, ni se comporta según clichés de cuentos viejos. Mira y actúa normalmente, habla, camina, respira, sin pensarlo. Por dentro un poco de angustia que no puede explicar. Entonces se regala. Pospone sus proyectos, por miedo, o por rutina, o por educación, deja pasar los años. Algunos días va a ver cuadros, creyendo que con eso despierta, y entonces se pregunta por las personas y las relaciones, y las películas, y lo que ya no puede escribir. Pero se sabe cliché nuevamente. Sabe que la puerta difícilmente sea al arte.
martes, 17 de noviembre de 2009
domingo, 8 de noviembre de 2009
VII
La luz se expande y ocupa todo.
(Otra vez la luz, que prometíamos abandonar).
El des-tiempo empieza a oscurecerse.
Es progresivo, un día atrás de otro, una hora atrás de otra, un minuto atrás de otro.
El otoño se va volviendo invierno, y la bicicleta y el disfrute empiezan a perderse en una neblina cada vez más densa.
Franca vuelve a su trabajo y consigue un cuarto amoblado en una pensión.
Y esa neblina que empieza atacando algunos objetos en particular, para después ocupar su mente durante casi todo el día, de repente se mete también en la habitación y en el trabajo.
Franca siente la necesidad de caer, pero no puede, porque flota todavía en la masa amorfa de cosas que no logra entender.
Los fines de semana, sin horarios, se vuelven elásticos y su duración impredecible.
(Otra vez la luz, que prometíamos abandonar).
El des-tiempo empieza a oscurecerse.
Es progresivo, un día atrás de otro, una hora atrás de otra, un minuto atrás de otro.
El otoño se va volviendo invierno, y la bicicleta y el disfrute empiezan a perderse en una neblina cada vez más densa.
Franca vuelve a su trabajo y consigue un cuarto amoblado en una pensión.
Y esa neblina que empieza atacando algunos objetos en particular, para después ocupar su mente durante casi todo el día, de repente se mete también en la habitación y en el trabajo.
Franca siente la necesidad de caer, pero no puede, porque flota todavía en la masa amorfa de cosas que no logra entender.
Los fines de semana, sin horarios, se vuelven elásticos y su duración impredecible.
jueves, 22 de octubre de 2009
jueves, 15 de octubre de 2009
lunes, 24 de agosto de 2009
VI
(faltan otros en el medio, me aburre subirlos en orden)
Ojala pudiéramos elegir que hacer con cada día (y no estoy hablando de un problema estrictamente económico).
Proyectar: idear, trazar o proponer el plan y los medios para la ejecución de algo.
El hombre necesita o cree que necesita proyectos, cosas que quiere hacer o ser en el futuro para poder sentir que el camino que recorre cada día es en dirección a algún lado, hecho que lo hace sentir más seguro.
Y lo que termina pasando es que una tarde brillante, de clima templado, con miles de diferentes tonalidades de amarillos y marrones otoñales se nos pasa sin que la experimentemos, como si cualquiera de los proyectos a futuro que nos entretienen fueran más reales que lo que pasa a unos centímetros, del otro lado de la ventana.
Así que.
Franca, mi personaje, está inmerso en este des-tiempo, provocado por su separación reciente.
En este momento particular de su vida, en este día preciso, en esta tarde, no hay nada que a Franca le importe más que el otoño.
La transitoria incapacidad de proyectarse le permite que la calle y la bicicleta sean lo único real en ese instante.
No siente que el tiempo se le va, ni tampoco que sea eterno.
Simplemente goza del viento fresco sobre la cara, y cuando está segura de que no vienen autos atrás cierra los ojos, o anda sin manos, o zigzaguea disfrutando su control sobre las curvas. Y se siente curva. Y se siente aire.
Ojala pudiéramos elegir que hacer con cada día (y no estoy hablando de un problema estrictamente económico).
Proyectar: idear, trazar o proponer el plan y los medios para la ejecución de algo.
El hombre necesita o cree que necesita proyectos, cosas que quiere hacer o ser en el futuro para poder sentir que el camino que recorre cada día es en dirección a algún lado, hecho que lo hace sentir más seguro.
Y lo que termina pasando es que una tarde brillante, de clima templado, con miles de diferentes tonalidades de amarillos y marrones otoñales se nos pasa sin que la experimentemos, como si cualquiera de los proyectos a futuro que nos entretienen fueran más reales que lo que pasa a unos centímetros, del otro lado de la ventana.
Así que.
Franca, mi personaje, está inmerso en este des-tiempo, provocado por su separación reciente.
En este momento particular de su vida, en este día preciso, en esta tarde, no hay nada que a Franca le importe más que el otoño.
La transitoria incapacidad de proyectarse le permite que la calle y la bicicleta sean lo único real en ese instante.
No siente que el tiempo se le va, ni tampoco que sea eterno.
Simplemente goza del viento fresco sobre la cara, y cuando está segura de que no vienen autos atrás cierra los ojos, o anda sin manos, o zigzaguea disfrutando su control sobre las curvas. Y se siente curva. Y se siente aire.
sábado, 22 de agosto de 2009
Vuelvo hoy, viernes por la noche, mientras tomo una cerveza conmigo misma, a reflexionar sobre el tema que me obsesiona últimamente (sé que cansa).
No sé si son los cliente en sí, esa masa virtual de vocecitas españolas, con su mal humor y su dificultad para entender cosas de lo más simples.
O es el edificio, las escaleras con las paredes cambiando de color, y hoy por ejemplo con una nueva palabra en la pared verde (“PROFUNDO”) (¿?).
O los cartelitos de siempre colgando del techo (“sonrisa” “comprensión” “respeto”).
O las hojas que les encanta hacerte firmar, siempre con una nueva insatisfacción (“Comunicamos a los agentes que deben reducir el tiempo de auxiliar – a saber, segundos en los que no se hace nada justificado – que utilizan para realizar tareas inapropiadas que deberían realizar en el break”).
O si es la magia misma de la globalización, de no saber realmente donde está la persona con la que hablo, si es un compañero que está en otro piso de mi edificio, o en algún otro edificio de Buenos Aires, o en algún lugar de Latinoamérica, o en España, o en Rumania, etc.
O un compañero que me transfiere una llamada, con una definitiva tonada argentina, y me dice ‘buenas noches compi’ (compi = compañera/o), y yo respondo ‘buenas noches’ con la mayor naturalidad, mientras que afuera el sol de las tres de la tarde prende fuego el cemento porteño.
“Se observa que los sub-ítems Actitud comercial y Rebatir objeciones, han experimentado un descenso en comparación con el mes pasado, esto es debido principalmente a la falta de interés en los agentes que gestionan las llamadas.”
Hoy fue, una vez más, viernes temático, y no es sólo que ‘temático’ se reduce a llevar un color determinado de ropa, sino que hoy fue de nuevo el rojo, o sea, de cuatro colores uno se repitió.
Te ofrecen un trabajo que roza con lo inhumano, no por el trabajo en sí, sino por la forma en que te exigen que lo realices. Te pagan una miseria, pero te dan una tarjeta de crédito para asegurarse que no dejes de consumir. Y vos comprás cosas, es inevitable, y te endeudás. Entonces ya no podés dejarlos, estas atado, a cambio de nada. No pagan ningún precio.
Deletreando… eme de Madrid, ge de Gerona, ele de Lugo, pe de Panplona…
Todo este armado, que hace que quizás a uno no le importe tanto estafar a alguien que habla en otro idioma y que está del otro lado del océano; pero que por otro lado hacer una queja o faltar un feriado signifique fallarle a tu supervisor, con el que si se preocupan de que formes un vínculo. Quiero decir, manejan muy bien y con nada de inocencia el tema de las relaciones entre las personas.
O que en las métricas figure que te excediste 17 segundos en el recreo, pero que falten 160 llamdas recibidas, de las que depende tu bono. Cuando quieren son precisos.
No me cerraba lo que me habían pagado, me daba vueltas y vueltas por la cabeza, finalmente me fui a quejar, y sí, me debían 230 pesos.
Ayer soñé que me iba de viaje de egresados a Brasil con todos los pibes del call center.
En la pared, impresa cada letra en una hoja A4, una frase terrible terrible: “Si no puedes hacer lo que te guste, procura que te guste lo que haces”
Pero como todos dicen parece que es una de cal y una de arena.
Así que hoy el verdulero me prestó el envase de la cerveza, quiero decir, no me dio vale ni nada, me lo PRESTÓ, así de palabra. Desde atrás del mostrador, devolviéndome la plata, me dijo ‘cuando te acuerdes me lo traés’.
Me fui contenta, me siento un escalón más arriba en el almacén de la vida.
No sé si son los cliente en sí, esa masa virtual de vocecitas españolas, con su mal humor y su dificultad para entender cosas de lo más simples.
O es el edificio, las escaleras con las paredes cambiando de color, y hoy por ejemplo con una nueva palabra en la pared verde (“PROFUNDO”) (¿?).
O los cartelitos de siempre colgando del techo (“sonrisa” “comprensión” “respeto”).
O las hojas que les encanta hacerte firmar, siempre con una nueva insatisfacción (“Comunicamos a los agentes que deben reducir el tiempo de auxiliar – a saber, segundos en los que no se hace nada justificado – que utilizan para realizar tareas inapropiadas que deberían realizar en el break”).
O si es la magia misma de la globalización, de no saber realmente donde está la persona con la que hablo, si es un compañero que está en otro piso de mi edificio, o en algún otro edificio de Buenos Aires, o en algún lugar de Latinoamérica, o en España, o en Rumania, etc.
O un compañero que me transfiere una llamada, con una definitiva tonada argentina, y me dice ‘buenas noches compi’ (compi = compañera/o), y yo respondo ‘buenas noches’ con la mayor naturalidad, mientras que afuera el sol de las tres de la tarde prende fuego el cemento porteño.
“Se observa que los sub-ítems Actitud comercial y Rebatir objeciones, han experimentado un descenso en comparación con el mes pasado, esto es debido principalmente a la falta de interés en los agentes que gestionan las llamadas.”
Hoy fue, una vez más, viernes temático, y no es sólo que ‘temático’ se reduce a llevar un color determinado de ropa, sino que hoy fue de nuevo el rojo, o sea, de cuatro colores uno se repitió.
Te ofrecen un trabajo que roza con lo inhumano, no por el trabajo en sí, sino por la forma en que te exigen que lo realices. Te pagan una miseria, pero te dan una tarjeta de crédito para asegurarse que no dejes de consumir. Y vos comprás cosas, es inevitable, y te endeudás. Entonces ya no podés dejarlos, estas atado, a cambio de nada. No pagan ningún precio.
Deletreando… eme de Madrid, ge de Gerona, ele de Lugo, pe de Panplona…
Todo este armado, que hace que quizás a uno no le importe tanto estafar a alguien que habla en otro idioma y que está del otro lado del océano; pero que por otro lado hacer una queja o faltar un feriado signifique fallarle a tu supervisor, con el que si se preocupan de que formes un vínculo. Quiero decir, manejan muy bien y con nada de inocencia el tema de las relaciones entre las personas.
O que en las métricas figure que te excediste 17 segundos en el recreo, pero que falten 160 llamdas recibidas, de las que depende tu bono. Cuando quieren son precisos.
No me cerraba lo que me habían pagado, me daba vueltas y vueltas por la cabeza, finalmente me fui a quejar, y sí, me debían 230 pesos.
Ayer soñé que me iba de viaje de egresados a Brasil con todos los pibes del call center.
En la pared, impresa cada letra en una hoja A4, una frase terrible terrible: “Si no puedes hacer lo que te guste, procura que te guste lo que haces”
Pero como todos dicen parece que es una de cal y una de arena.
Así que hoy el verdulero me prestó el envase de la cerveza, quiero decir, no me dio vale ni nada, me lo PRESTÓ, así de palabra. Desde atrás del mostrador, devolviéndome la plata, me dijo ‘cuando te acuerdes me lo traés’.
Me fui contenta, me siento un escalón más arriba en el almacén de la vida.
sábado, 15 de agosto de 2009
domingo, 2 de agosto de 2009
III
Todas las contradicciones juntas. Se sabe contradictoria pero no puede dejar de reprochárselo. De pedir respuestas que no van a llegar antes de tiempo. De exigir determinaciones. No puede dejar de culparse por la falta de sinceridad. Por su mundo interno no compartido. Todo es contradicción. Ni esta ciudad, ni esta música, ni este lugar físico, son cosas coherentes entre sí. Cada una con la otra y cada una con sí misma se contradicen infinidad de veces.
------------------------------------------------------------------------------
III
Así que.
Ernesto está en el trabajo.
Franca sola en su casa.
Ordena algunas cosas, superficialmente.
Se cocina algo simple.
Y en un momento decide irse.
El pensamiento en sí mismo ya es impactante.
De repente siente miedo.
El miedo de la decisión tomada.
El miedo de los riesgos que se asumen instantáneamente.
Mira el departamento.
Todos sus objetos conocidos.
Todos los objetos conocidos de Ernesto.
Toda esa construcción de años.
Siente la necesidad de irse en todo su cuerpo.
No es el mundo-barro el que la empuja a escapar.
Es ese otro mundo, el que vive el noventa por ciento de su tiempo.
Es ese mundo y no otra cosa el que casi la obliga a correr.
Decide irse al día siguiente, pero no sabe a donde, y eso la asusta.
Falta toda la tarde y toda la noche. Bloqueada en una silla del comedor no sabe que hacer con su tiempo.
De repente, en un instante, todo el departamento ya no le pertenece.
Así que se queda sentada frente al plato del almuerzo ya vacío.
Franca inmóvil de miedo hasta que llega la noche.
Inmóvil incluso cuando siente las llaves de Ernesto en la puerta.
Cuando lo ve entrar, como cada noche, pero viéndolo ahora tan desde otro lugar.
Y cuando escucha el saludo, y lo responde casi imperceptiblemente, se da cuenta de que ya no siente miedo, sino tristeza.
Ernesto se sienta frente a ella, aún antes de prender la luz inexplicablemente apagada, aún antes de dejar su abrigo, aún antes de acomodar los individuales y prender la tele.
Ernesto intuye el derrumbamiento. Mira a Franca sin decirle nada.
Descubre las lágrimas de ella casi al mismo tiempo que siente llegar las propias.
Franca siente que no hay conversación posible.
No saben cuanto tiempo dejan pasar así, pero en silencio y en la oscuridad se despiden.
La mañana está ya bastante avanzada cuando Franca sale con su pequeño bolso, Ernesto sigue durmiendo.
No se levanta para ir a trabajar.
--------------------------------------------------------------------------
No podemos comprender el sentido del dolor.
--------------------------------------------------------------------------
(Del dolor se aprende?)
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III
Así que.
Ernesto está en el trabajo.
Franca sola en su casa.
Ordena algunas cosas, superficialmente.
Se cocina algo simple.
Y en un momento decide irse.
El pensamiento en sí mismo ya es impactante.
De repente siente miedo.
El miedo de la decisión tomada.
El miedo de los riesgos que se asumen instantáneamente.
Mira el departamento.
Todos sus objetos conocidos.
Todos los objetos conocidos de Ernesto.
Toda esa construcción de años.
Siente la necesidad de irse en todo su cuerpo.
No es el mundo-barro el que la empuja a escapar.
Es ese otro mundo, el que vive el noventa por ciento de su tiempo.
Es ese mundo y no otra cosa el que casi la obliga a correr.
Decide irse al día siguiente, pero no sabe a donde, y eso la asusta.
Falta toda la tarde y toda la noche. Bloqueada en una silla del comedor no sabe que hacer con su tiempo.
De repente, en un instante, todo el departamento ya no le pertenece.
Así que se queda sentada frente al plato del almuerzo ya vacío.
Franca inmóvil de miedo hasta que llega la noche.
Inmóvil incluso cuando siente las llaves de Ernesto en la puerta.
Cuando lo ve entrar, como cada noche, pero viéndolo ahora tan desde otro lugar.
Y cuando escucha el saludo, y lo responde casi imperceptiblemente, se da cuenta de que ya no siente miedo, sino tristeza.
Ernesto se sienta frente a ella, aún antes de prender la luz inexplicablemente apagada, aún antes de dejar su abrigo, aún antes de acomodar los individuales y prender la tele.
Ernesto intuye el derrumbamiento. Mira a Franca sin decirle nada.
Descubre las lágrimas de ella casi al mismo tiempo que siente llegar las propias.
Franca siente que no hay conversación posible.
No saben cuanto tiempo dejan pasar así, pero en silencio y en la oscuridad se despiden.
La mañana está ya bastante avanzada cuando Franca sale con su pequeño bolso, Ernesto sigue durmiendo.
No se levanta para ir a trabajar.
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No podemos comprender el sentido del dolor.
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(Del dolor se aprende?)
lunes, 27 de julio de 2009
II
Este pan tostado por pan duro y no por ganas de tostadas no era de ninguna manera parte de sus sueños de independencia.
Quizás eso influía.
De todas maneras ninguno de los dos dijo nada y el desayuno pasó igual a todos los otros desayunos de abril.
La sobremesa mañanera se extendió, como cada domingo, con el sagrado silencio pro-leída-de-diario, hasta pasado el mediodía.
Ernesto hizo el esfuerzo, apoyo el diario sobre la mesa e imponiéndose sobre los ya casi materializados fideos con tuco, propuso pizzas caseras.
Franca aceptó sin saber todavía que tan importante era.
Porque cuando ordenaron la cocina para empezar a cocinar, y pusieron música, y vaciaron el paquete de harina, y pusieron agua, sal, y finalmente las manos. Cuando metieron las manos en la masa, Franca se sintió automática e inesperadamente transportada al mundo-barro. Ese mundo íntimo y opuesto al mundo-Ernesto. El olor a tierra mojada, los juguetes desordenados, los discos de vinilo, los vasos de plástico rojo. Una fusión de distintas sensaciones brilló desde sus ojos.
Ernesto pudo intuirlo. Por la materia concreta de la masa que los unía, o por tener un día especialmente perceptivo, pudo detenerse en los ojos brillantes y sospechar algo nuevo, aunque sin entenderlo.
Se rieron de la deformidad de las pizzas. Se rieron de lo salada que les quedó la salsa. Se rieron de lo ricas que estaban pese a todo. Del disco recomenzando automáticamente por cuarta vez. Del horno que siguió prendido durante horas. Se rieron uno del otro y cada uno de sí mismo.
Esa noche caminaron abrazados al video club, y Buenos Aires les pareció una ciudad distinta. Se tomaron casi una hora para elegir una película cualquiera y reírse nuevamente de sí mismos en el camino de vuelta al departamento.
Se deleitaron con cada minuto del film olvidable, matizando con cerveza, y aceitunas, y Nesquik, y tostadas de la mañana vueltas a tostar untadas con dulce de leche.
Quizás eso influía.
De todas maneras ninguno de los dos dijo nada y el desayuno pasó igual a todos los otros desayunos de abril.
La sobremesa mañanera se extendió, como cada domingo, con el sagrado silencio pro-leída-de-diario, hasta pasado el mediodía.
Ernesto hizo el esfuerzo, apoyo el diario sobre la mesa e imponiéndose sobre los ya casi materializados fideos con tuco, propuso pizzas caseras.
Franca aceptó sin saber todavía que tan importante era.
Porque cuando ordenaron la cocina para empezar a cocinar, y pusieron música, y vaciaron el paquete de harina, y pusieron agua, sal, y finalmente las manos. Cuando metieron las manos en la masa, Franca se sintió automática e inesperadamente transportada al mundo-barro. Ese mundo íntimo y opuesto al mundo-Ernesto. El olor a tierra mojada, los juguetes desordenados, los discos de vinilo, los vasos de plástico rojo. Una fusión de distintas sensaciones brilló desde sus ojos.
Ernesto pudo intuirlo. Por la materia concreta de la masa que los unía, o por tener un día especialmente perceptivo, pudo detenerse en los ojos brillantes y sospechar algo nuevo, aunque sin entenderlo.
Se rieron de la deformidad de las pizzas. Se rieron de lo salada que les quedó la salsa. Se rieron de lo ricas que estaban pese a todo. Del disco recomenzando automáticamente por cuarta vez. Del horno que siguió prendido durante horas. Se rieron uno del otro y cada uno de sí mismo.
Esa noche caminaron abrazados al video club, y Buenos Aires les pareció una ciudad distinta. Se tomaron casi una hora para elegir una película cualquiera y reírse nuevamente de sí mismos en el camino de vuelta al departamento.
Se deleitaron con cada minuto del film olvidable, matizando con cerveza, y aceitunas, y Nesquik, y tostadas de la mañana vueltas a tostar untadas con dulce de leche.
viernes, 10 de julio de 2009
otro viernes.
una semana mas con nuevas increibles sorpresas.
ahora el ring no suena mas, no vaya a ser cosa que nos demos vuelta por unos segundos para intercambiar una mirada con un compañero, no no, la mirada SIEMPRE SOBRE LA PC.
igual, por supuesto, nos seguimos dando vuelta cada vez que podemos, y entonces tengo la oportunidad de hablar sobre la bibliografia de paulo cohelo y otros temas igualmente interesantes con mis vecinas de box.
esta semana tambien aprendi a ver mis metricas, que se actualizan dia a dia.. toooodos mis cuadraditos estan en rojo, voy mal de llamadas por hora, mal de hold, mal de after, mal de recupero, mal de todo... asi que no habra bono este mes.
ademas justo antes de salir por fin hacia el fin de semana, se les ocurrio la idea genial genial de jugar al amigo invisible, no paran de sorprenderte hasta ultimo momento, asi que saque papelito de bolsa y me toco 'vanina' que no tengo idea de quien es pero parece que ademas de no ganar un peso voy a tener que invertir en regalitos varios.
pero ojo, son reeee buenos, nos asignaron un locker para compartir entre tres (pero el candado lo tenemos que comprar nosotros), que... bueno, no consiguieron en el mismo piso, asi que esta en el piso de abajo... buenisimo porque dentro de los 15 minutos de recreo vamos a tener que bajar a buscar la taza o lo que sea que decidamos dejar ahi.
en fin.
todo por hoy.
una semana mas con nuevas increibles sorpresas.
ahora el ring no suena mas, no vaya a ser cosa que nos demos vuelta por unos segundos para intercambiar una mirada con un compañero, no no, la mirada SIEMPRE SOBRE LA PC.
igual, por supuesto, nos seguimos dando vuelta cada vez que podemos, y entonces tengo la oportunidad de hablar sobre la bibliografia de paulo cohelo y otros temas igualmente interesantes con mis vecinas de box.
esta semana tambien aprendi a ver mis metricas, que se actualizan dia a dia.. toooodos mis cuadraditos estan en rojo, voy mal de llamadas por hora, mal de hold, mal de after, mal de recupero, mal de todo... asi que no habra bono este mes.
ademas justo antes de salir por fin hacia el fin de semana, se les ocurrio la idea genial genial de jugar al amigo invisible, no paran de sorprenderte hasta ultimo momento, asi que saque papelito de bolsa y me toco 'vanina' que no tengo idea de quien es pero parece que ademas de no ganar un peso voy a tener que invertir en regalitos varios.
pero ojo, son reeee buenos, nos asignaron un locker para compartir entre tres (pero el candado lo tenemos que comprar nosotros), que... bueno, no consiguieron en el mismo piso, asi que esta en el piso de abajo... buenisimo porque dentro de los 15 minutos de recreo vamos a tener que bajar a buscar la taza o lo que sea que decidamos dejar ahi.
en fin.
todo por hoy.
domingo, 28 de junio de 2009
En plena escena adolescente sale sola en la ciudad costera.
Dueña de sus 15 años camina por la avenida principal buscando no sabe qué.
Así llega a una plazoleta y se sienta sola a tener lástima de sí misma.
Llega un grupo de chicos y sacan guitarras, la invitan.
Se acerca tímida, pero se acerca. Revolución. Punto de giro.
Se acerca y escucha.
Y el tiempo es Beatles.
Y en el recuerdo todas esas noches sucesivas son una sola.
Son un esperar que pase el día familiar de playa para que llegue la noche y el mundo nuevo.
Volver a la plazoleta y encontrar caras poco a poco conocidas.
Y es el bosque y el fuego y el vino.
Y una persona en particular.
Que por unas horas, solo por algunas horas de algunos días, sin hacer absolutamente nada, le cambia la mirada.
Y entonces su última noche de vacaciones.
De nuevo las guitarras y el caminar hasta la playa.
Ella se acuesta en la arena, varios hacen lo mismo.
Él se acuesta a su lado.
Todas las estrellas agolpadas. La luna naranja de ese u otro día fusionado en el recuerdo.
Eso y nada más.
Eso y silencio.
Y un número de teléfono en el cuaderno.
Y una promesa que se sabe olvidable.
Y el sonido del mar.
Y nada más.
Dueña de sus 15 años camina por la avenida principal buscando no sabe qué.
Así llega a una plazoleta y se sienta sola a tener lástima de sí misma.
Llega un grupo de chicos y sacan guitarras, la invitan.
Se acerca tímida, pero se acerca. Revolución. Punto de giro.
Se acerca y escucha.
Y el tiempo es Beatles.
Y en el recuerdo todas esas noches sucesivas son una sola.
Son un esperar que pase el día familiar de playa para que llegue la noche y el mundo nuevo.
Volver a la plazoleta y encontrar caras poco a poco conocidas.
Y es el bosque y el fuego y el vino.
Y una persona en particular.
Que por unas horas, solo por algunas horas de algunos días, sin hacer absolutamente nada, le cambia la mirada.
Y entonces su última noche de vacaciones.
De nuevo las guitarras y el caminar hasta la playa.
Ella se acuesta en la arena, varios hacen lo mismo.
Él se acuesta a su lado.
Todas las estrellas agolpadas. La luna naranja de ese u otro día fusionado en el recuerdo.
Eso y nada más.
Eso y silencio.
Y un número de teléfono en el cuaderno.
Y una promesa que se sabe olvidable.
Y el sonido del mar.
Y nada más.
lunes, 25 de mayo de 2009
I
Franca llega a la casa de la infancia. Todo le es familiar y todo le es, al mismo tiempo, ajeno.
Se sienta en la galería vacía y se ve niña, se ve barro, se ve juego.
Franca baila en su casa-habitación.
Rehoga cebollas en el fuego.
El cambio ya empezó.
El movimiento finalmente se produjo.
Ahora ya no se puede volver atrás.
Franca tiene que enfrentar su destino.
Sin conocerlo, y tan desde lo cotidiano.
Tan desde ese olor-sonido a cebolla en la sartén.
Tan paquete de fideos semi-abierto.
Mete de lleno las manos en la masa y siente las manos niñas en el barro.
Siente la tierra entre las uñas, los pies enchastrados.
Siente todo en un mismo instante.
Como si los fideos, y la galería, y la niña y el barro formaran parte del mismo momento presente.
Entonces entra Ernesto. Con el trabajo en los ojos, en las manos, en las palabras. Le da un beso desde otro lado y comenta un par de cosas descontextualizadas. El mundo-barro desaparece.
Ernesto deja el bolso y acomoda los individuales. Ritual-cena. Rutina-cena. Prende la tele.
Ella cae ante el tirón-cable-a-tierra. Lleva los platos a la mesa. La salsa sobre los fideos. La hornalla apagada. El repasador manchado. La madera de la silla.
No entiente por qué le cuesta tanto concentrarse en ese momento-dejavu.
Momento ya vivido, ya discutido, ya masticado. Esos mismos fideos. Esa misma mesa de pino. Esa misma lámpara con bichos de verano. No está triste, pero le molesta no poder concentrarse. Le molesta estar viendo todo desde afuera, quiere meterse, como antes, como siempre, pero no puede.
Empieza a oscurecer. Los ojos se adaptan pero la madre requiere a la niña adentro. Hora de bañarse. Hora de cenar. Basta de juegos. Reclamando se mete en la casa. Pero unos minutos después, abajo del agua caliente, ya se olvida del barro y pregunta por frutas. El camisón limpio y fresco y la comida servida y tanto verano por delante.
Se sienta en la galería vacía y se ve niña, se ve barro, se ve juego.
Franca baila en su casa-habitación.
Rehoga cebollas en el fuego.
El cambio ya empezó.
El movimiento finalmente se produjo.
Ahora ya no se puede volver atrás.
Franca tiene que enfrentar su destino.
Sin conocerlo, y tan desde lo cotidiano.
Tan desde ese olor-sonido a cebolla en la sartén.
Tan paquete de fideos semi-abierto.
Mete de lleno las manos en la masa y siente las manos niñas en el barro.
Siente la tierra entre las uñas, los pies enchastrados.
Siente todo en un mismo instante.
Como si los fideos, y la galería, y la niña y el barro formaran parte del mismo momento presente.
Entonces entra Ernesto. Con el trabajo en los ojos, en las manos, en las palabras. Le da un beso desde otro lado y comenta un par de cosas descontextualizadas. El mundo-barro desaparece.
Ernesto deja el bolso y acomoda los individuales. Ritual-cena. Rutina-cena. Prende la tele.
Ella cae ante el tirón-cable-a-tierra. Lleva los platos a la mesa. La salsa sobre los fideos. La hornalla apagada. El repasador manchado. La madera de la silla.
No entiente por qué le cuesta tanto concentrarse en ese momento-dejavu.
Momento ya vivido, ya discutido, ya masticado. Esos mismos fideos. Esa misma mesa de pino. Esa misma lámpara con bichos de verano. No está triste, pero le molesta no poder concentrarse. Le molesta estar viendo todo desde afuera, quiere meterse, como antes, como siempre, pero no puede.
Empieza a oscurecer. Los ojos se adaptan pero la madre requiere a la niña adentro. Hora de bañarse. Hora de cenar. Basta de juegos. Reclamando se mete en la casa. Pero unos minutos después, abajo del agua caliente, ya se olvida del barro y pregunta por frutas. El camisón limpio y fresco y la comida servida y tanto verano por delante.
miércoles, 13 de mayo de 2009
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