domingo, 2 de agosto de 2009

III

Todas las contradicciones juntas. Se sabe contradictoria pero no puede dejar de reprochárselo. De pedir respuestas que no van a llegar antes de tiempo. De exigir determinaciones. No puede dejar de culparse por la falta de sinceridad. Por su mundo interno no compartido. Todo es contradicción. Ni esta ciudad, ni esta música, ni este lugar físico, son cosas coherentes entre sí. Cada una con la otra y cada una con sí misma se contradicen infinidad de veces.

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III
Así que.
Ernesto está en el trabajo.
Franca sola en su casa.
Ordena algunas cosas, superficialmente.
Se cocina algo simple.
Y en un momento decide irse.
El pensamiento en sí mismo ya es impactante.
De repente siente miedo.
El miedo de la decisión tomada.
El miedo de los riesgos que se asumen instantáneamente.
Mira el departamento.
Todos sus objetos conocidos.
Todos los objetos conocidos de Ernesto.
Toda esa construcción de años.
Siente la necesidad de irse en todo su cuerpo.
No es el mundo-barro el que la empuja a escapar.
Es ese otro mundo, el que vive el noventa por ciento de su tiempo.
Es ese mundo y no otra cosa el que casi la obliga a correr.
Decide irse al día siguiente, pero no sabe a donde, y eso la asusta.
Falta toda la tarde y toda la noche. Bloqueada en una silla del comedor no sabe que hacer con su tiempo.
De repente, en un instante, todo el departamento ya no le pertenece.
Así que se queda sentada frente al plato del almuerzo ya vacío.
Franca inmóvil de miedo hasta que llega la noche.
Inmóvil incluso cuando siente las llaves de Ernesto en la puerta.
Cuando lo ve entrar, como cada noche, pero viéndolo ahora tan desde otro lugar.
Y cuando escucha el saludo, y lo responde casi imperceptiblemente, se da cuenta de que ya no siente miedo, sino tristeza.
Ernesto se sienta frente a ella, aún antes de prender la luz inexplicablemente apagada, aún antes de dejar su abrigo, aún antes de acomodar los individuales y prender la tele.
Ernesto intuye el derrumbamiento. Mira a Franca sin decirle nada.
Descubre las lágrimas de ella casi al mismo tiempo que siente llegar las propias.
Franca siente que no hay conversación posible.
No saben cuanto tiempo dejan pasar así, pero en silencio y en la oscuridad se despiden.
La mañana está ya bastante avanzada cuando Franca sale con su pequeño bolso, Ernesto sigue durmiendo.
No se levanta para ir a trabajar.

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No podemos comprender el sentido del dolor.

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(Del dolor se aprende?)

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