lunes, 24 de agosto de 2009

VI

(faltan otros en el medio, me aburre subirlos en orden)

Ojala pudiéramos elegir que hacer con cada día (y no estoy hablando de un problema estrictamente económico).

Proyectar: idear, trazar o proponer el plan y los medios para la ejecución de algo.

El hombre necesita o cree que necesita proyectos, cosas que quiere hacer o ser en el futuro para poder sentir que el camino que recorre cada día es en dirección a algún lado, hecho que lo hace sentir más seguro.

Y lo que termina pasando es que una tarde brillante, de clima templado, con miles de diferentes tonalidades de amarillos y marrones otoñales se nos pasa sin que la experimentemos, como si cualquiera de los proyectos a futuro que nos entretienen fueran más reales que lo que pasa a unos centímetros, del otro lado de la ventana.

Así que.
Franca, mi personaje, está inmerso en este des-tiempo, provocado por su separación reciente.
En este momento particular de su vida, en este día preciso, en esta tarde, no hay nada que a Franca le importe más que el otoño.
La transitoria incapacidad de proyectarse le permite que la calle y la bicicleta sean lo único real en ese instante.
No siente que el tiempo se le va, ni tampoco que sea eterno.
Simplemente goza del viento fresco sobre la cara, y cuando está segura de que no vienen autos atrás cierra los ojos, o anda sin manos, o zigzaguea disfrutando su control sobre las curvas. Y se siente curva. Y se siente aire.

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