viernes, 27 de noviembre de 2009

16/12/2006

Un hombre que observa, desde sí mismo, como él, o el otro, resultan ser iguales. El hombre no fuma, ni mueve nervioso sus manos, ni se comporta según clichés de cuentos viejos. Mira y actúa normalmente, habla, camina, respira, sin pensarlo. Por dentro un poco de angustia que no puede explicar. Entonces se regala. Pospone sus proyectos, por miedo, o por rutina, o por educación, deja pasar los años. Algunos días va a ver cuadros, creyendo que con eso despierta, y entonces se pregunta por las personas y las relaciones, y las películas, y lo que ya no puede escribir. Pero se sabe cliché nuevamente. Sabe que la puerta difícilmente sea al arte.

jueves, 26 de noviembre de 2009




la niña mas flashera del mundo
(cada vez que lo encuentro, cada vez me sorprende)

martes, 17 de noviembre de 2009

domingo, 8 de noviembre de 2009

VII

La luz se expande y ocupa todo.
(Otra vez la luz, que prometíamos abandonar).
El des-tiempo empieza a oscurecerse.
Es progresivo, un día atrás de otro, una hora atrás de otra, un minuto atrás de otro.
El otoño se va volviendo invierno, y la bicicleta y el disfrute empiezan a perderse en una neblina cada vez más densa.
Franca vuelve a su trabajo y consigue un cuarto amoblado en una pensión.
Y esa neblina que empieza atacando algunos objetos en particular, para después ocupar su mente durante casi todo el día, de repente se mete también en la habitación y en el trabajo.
Franca siente la necesidad de caer, pero no puede, porque flota todavía en la masa amorfa de cosas que no logra entender.
Los fines de semana, sin horarios, se vuelven elásticos y su duración impredecible.