viernes, 27 de noviembre de 2009
16/12/2006
Un hombre que observa, desde sí mismo, como él, o el otro, resultan ser iguales. El hombre no fuma, ni mueve nervioso sus manos, ni se comporta según clichés de cuentos viejos. Mira y actúa normalmente, habla, camina, respira, sin pensarlo. Por dentro un poco de angustia que no puede explicar. Entonces se regala. Pospone sus proyectos, por miedo, o por rutina, o por educación, deja pasar los años. Algunos días va a ver cuadros, creyendo que con eso despierta, y entonces se pregunta por las personas y las relaciones, y las películas, y lo que ya no puede escribir. Pero se sabe cliché nuevamente. Sabe que la puerta difícilmente sea al arte.
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