La luz se expande y ocupa todo.
(Otra vez la luz, que prometíamos abandonar).
El des-tiempo empieza a oscurecerse.
Es progresivo, un día atrás de otro, una hora atrás de otra, un minuto atrás de otro.
El otoño se va volviendo invierno, y la bicicleta y el disfrute empiezan a perderse en una neblina cada vez más densa.
Franca vuelve a su trabajo y consigue un cuarto amoblado en una pensión.
Y esa neblina que empieza atacando algunos objetos en particular, para después ocupar su mente durante casi todo el día, de repente se mete también en la habitación y en el trabajo.
Franca siente la necesidad de caer, pero no puede, porque flota todavía en la masa amorfa de cosas que no logra entender.
Los fines de semana, sin horarios, se vuelven elásticos y su duración impredecible.
domingo, 8 de noviembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario