domingo, 17 de enero de 2010

Extraño mundo

La jornada terminó más tarde de lo previsto. Descargamos el camión en la productora y salí apurada, fea, transpirada, a encontrarme con un compañero de la facultad en un bar por Palermo. Hernán me había invitado a escuchar una banda de jazz en El viejo indecente (Thames esquina Nicaragua), pero cuando llegué ya habían terminado de tocar (llegué muy tarde, muy cansada, muy transpirada a mi cita). Así que charlamos un rato, tomamos cerveza, rozamos un par de veces las manos, poniendo excusas. Que única, mágica, inigualable intensidad tienen esos momentos. Salimos y empezamos a caminar para el lado de mi casa (la de mi viejo), pasamos un momento por Conjuros, otro bar en el que había unos amigos de Hernán que lo estaban esperando, él saludó y seguimos caminando. Esa madrugada del 17 de enero del 2006 empezamos a salir.



Después de 15 días de tormenta interna bajé hoy del micro en la ciudad de Buenos Aires y me tomé el 108 a Palermo, a cuatro años exactos del 17 de enero del 2006. Caminé hasta Thames y Nicaragua, cargando el bolso y con un calor increíble, con la idea de tomar algo y alimentar este romanticismo que a veces me nace.
Pero resultó que El viejo indecente no existe más. En la esquina todo cerrado y lleno de andamios. Tuve que llamar a una amiga para que me confirme en internet que el bar ya no está.
Caminé desorientadísima hasta Uriarte y de ahí bajando para Córdoba, sobre el portón de Conjuros un cartel de “se alquila”.
Me paré en la esquina y me tomé un taxi a mi casa.



A 354,7 millones de km3
de agua
miles de preguntas que
se reducen a una
y que
nuevamente
se divide en miles

Así que dejé el bolso, y antes de hacer cualquier otra cosa busqué en el placard la caja de los cuadernos.
Decenas de cuadernos escritos desde los 12 o 13 años hasta ahora, que fueron de Unquillo a Cabana, de Cabana a Concepción Arenal, de ahí a Ravignani, Charlone, Fraga y finalmente Olazábal.
Agarré cada cuaderno y sin leer nada, lo despedacé y después corté cada hoja más chica y las metí en una bolsa de consorcio.
Más de 10 años de escritos. Mucha telenovela barata, crisis existencial, opiniones políticas, literarias, cinematográficas. Dibujos, recortes, datos. Pero también cosas más interesantes, que probablemente lamente en algún momento, cuentos, reflexiones.
Basta de buscar en el pasado un lugar desde el cual pararme y definirme.
En el pasado, en los lugares, en los objetos, en las personas.
Una caja menos para la próxima mudanza.



Así empieza este año.
Como un jazz.
Un jazz de esos tristes, caóticos, impredecibles.
Cuando transito las épocas, a veces muy largas, de baladas de Arjona y Cristian Castro jaja pido por favor que llegue el jazz, pero cuando llega el jazz deseo tanto que vuelva el tranquilo, seguro, inmóvil tiempo de las baladas..

Atardecer de octavo piso.

sábado, 9 de enero de 2010

Se sentó una vez mas frente al objeto, y forzando su creatividad lo transformó en gata peluda. Esas mismas gatas peludas que abundaban en el monte, y que Julián agarraba con la mano desafiando dolorosas picaduras. Ese monte de siempreverdes y ramas entrelazadas, que podían recorrer de árbol en árbol casi sin bajar al suelo. El objeto-gata peluda se movió sucio, deconcertado, descontextualizado. Se movió frente a sus ojos sobre la higiénica, limpia, insulsa mesada.

"Si la vida te da más de cinco razones para seguir"

("se fuerza la máquina")

miércoles, 6 de enero de 2010



07.01.2010