Después de 15 días de tormenta interna bajé hoy del micro en la ciudad de Buenos Aires y me tomé el 108 a Palermo, a cuatro años exactos del 17 de enero del 2006. Caminé hasta Thames y Nicaragua, cargando el bolso y con un calor increíble, con la idea de tomar algo y alimentar este romanticismo que a veces me nace.
Pero resultó que El viejo indecente no existe más. En la esquina todo cerrado y lleno de andamios. Tuve que llamar a una amiga para que me confirme en internet que el bar ya no está.
Caminé desorientadísima hasta Uriarte y de ahí bajando para Córdoba, sobre el portón de Conjuros un cartel de “se alquila”.
Me paré en la esquina y me tomé un taxi a mi casa.
A 354,7 millones de km3
de agua
miles de preguntas que
se reducen a una
y que
nuevamente
se divide en miles
Así que dejé el bolso, y antes de hacer cualquier otra cosa busqué en el placard la caja de los cuadernos.
Decenas de cuadernos escritos desde los 12 o 13 años hasta ahora, que fueron de Unquillo a Cabana, de Cabana a Concepción Arenal, de ahí a Ravignani, Charlone, Fraga y finalmente Olazábal.
Agarré cada cuaderno y sin leer nada, lo despedacé y después corté cada hoja más chica y las metí en una bolsa de consorcio.
Más de 10 años de escritos. Mucha telenovela barata, crisis existencial, opiniones políticas, literarias, cinematográficas. Dibujos, recortes, datos. Pero también cosas más interesantes, que probablemente lamente en algún momento, cuentos, reflexiones.
Basta de buscar en el pasado un lugar desde el cual pararme y definirme.
En el pasado, en los lugares, en los objetos, en las personas.
Una caja menos para la próxima mudanza.
Así empieza este año.
Como un jazz.
Un jazz de esos tristes, caóticos, impredecibles.
Cuando transito las épocas, a veces muy largas, de baladas de Arjona y Cristian Castro jaja pido por favor que llegue el jazz, pero cuando llega el jazz deseo tanto que vuelva el tranquilo, seguro, inmóvil tiempo de las baladas..
Atardecer de octavo piso.
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