Hay algo en lo que Flor tiene razón: llega un momento en que ya fue el pasado. No sirve escudarse siempre en la forma en que uno llegó a donde llegó y es como es y tiene los defectos y los miedos que tiene. Llega un momento en que hay que cortar con eso. Por el bien de uno, claramente.
Hay un momento donde hay que cortar con los deseos viejos. Digo, pensar un poco y separar, con conciencia y sinceridad que cosas deseo y que cosas deseaba antes.
Hasta qué punto es no poder lograr los objetivos y hasta qué punto es esconderme atrás de deseos viejos para no enfrentar el hecho de que ya ni se cuáles son mis deseos actuales.
Hay un momento donde hay que hacerse cargo de esta vida que a cada uno le toca.
Todas estas cosas que tienen que cambiar tienen que cambiar de verdad, transformarse desde el centro mismo del asunto. Desde ese lugar donde todo es doloroso. Hay que decir basta. Hay que aceptar que las cosas fueron como fueron y son como son y saber que no se puede cambiar nada sin primero aceptar quien es uno. Ya fueron las justificaciones. Estoy acá porque caminé hasta acá.
Estoy encerrada en este octavo piso, de alucinante vista nocturna, porque elegí estar acá. El no saber que sigue no es culpa de nadie.
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