lunes, 24 de agosto de 2009



´´no pregunto en la mañana hacia donde debo ir, ya lo sabré, el tiempo dirá´´

VI

(faltan otros en el medio, me aburre subirlos en orden)

Ojala pudiéramos elegir que hacer con cada día (y no estoy hablando de un problema estrictamente económico).

Proyectar: idear, trazar o proponer el plan y los medios para la ejecución de algo.

El hombre necesita o cree que necesita proyectos, cosas que quiere hacer o ser en el futuro para poder sentir que el camino que recorre cada día es en dirección a algún lado, hecho que lo hace sentir más seguro.

Y lo que termina pasando es que una tarde brillante, de clima templado, con miles de diferentes tonalidades de amarillos y marrones otoñales se nos pasa sin que la experimentemos, como si cualquiera de los proyectos a futuro que nos entretienen fueran más reales que lo que pasa a unos centímetros, del otro lado de la ventana.

Así que.
Franca, mi personaje, está inmerso en este des-tiempo, provocado por su separación reciente.
En este momento particular de su vida, en este día preciso, en esta tarde, no hay nada que a Franca le importe más que el otoño.
La transitoria incapacidad de proyectarse le permite que la calle y la bicicleta sean lo único real en ese instante.
No siente que el tiempo se le va, ni tampoco que sea eterno.
Simplemente goza del viento fresco sobre la cara, y cuando está segura de que no vienen autos atrás cierra los ojos, o anda sin manos, o zigzaguea disfrutando su control sobre las curvas. Y se siente curva. Y se siente aire.

sábado, 22 de agosto de 2009

Vuelvo hoy, viernes por la noche, mientras tomo una cerveza conmigo misma, a reflexionar sobre el tema que me obsesiona últimamente (sé que cansa).

No sé si son los cliente en sí, esa masa virtual de vocecitas españolas, con su mal humor y su dificultad para entender cosas de lo más simples.

O es el edificio, las escaleras con las paredes cambiando de color, y hoy por ejemplo con una nueva palabra en la pared verde (“PROFUNDO”) (¿?).

O los cartelitos de siempre colgando del techo (“sonrisa” “comprensión” “respeto”).

O las hojas que les encanta hacerte firmar, siempre con una nueva insatisfacción (“Comunicamos a los agentes que deben reducir el tiempo de auxiliar – a saber, segundos en los que no se hace nada justificado – que utilizan para realizar tareas inapropiadas que deberían realizar en el break”).

O si es la magia misma de la globalización, de no saber realmente donde está la persona con la que hablo, si es un compañero que está en otro piso de mi edificio, o en algún otro edificio de Buenos Aires, o en algún lugar de Latinoamérica, o en España, o en Rumania, etc.

O un compañero que me transfiere una llamada, con una definitiva tonada argentina, y me dice ‘buenas noches compi’ (compi = compañera/o), y yo respondo ‘buenas noches’ con la mayor naturalidad, mientras que afuera el sol de las tres de la tarde prende fuego el cemento porteño.

“Se observa que los sub-ítems Actitud comercial y Rebatir objeciones, han experimentado un descenso en comparación con el mes pasado, esto es debido principalmente a la falta de interés en los agentes que gestionan las llamadas.”

Hoy fue, una vez más, viernes temático, y no es sólo que ‘temático’ se reduce a llevar un color determinado de ropa, sino que hoy fue de nuevo el rojo, o sea, de cuatro colores uno se repitió.

Te ofrecen un trabajo que roza con lo inhumano, no por el trabajo en sí, sino por la forma en que te exigen que lo realices. Te pagan una miseria, pero te dan una tarjeta de crédito para asegurarse que no dejes de consumir. Y vos comprás cosas, es inevitable, y te endeudás. Entonces ya no podés dejarlos, estas atado, a cambio de nada. No pagan ningún precio.

Deletreando… eme de Madrid, ge de Gerona, ele de Lugo, pe de Panplona…

Todo este armado, que hace que quizás a uno no le importe tanto estafar a alguien que habla en otro idioma y que está del otro lado del océano; pero que por otro lado hacer una queja o faltar un feriado signifique fallarle a tu supervisor, con el que si se preocupan de que formes un vínculo. Quiero decir, manejan muy bien y con nada de inocencia el tema de las relaciones entre las personas.

O que en las métricas figure que te excediste 17 segundos en el recreo, pero que falten 160 llamdas recibidas, de las que depende tu bono. Cuando quieren son precisos.

No me cerraba lo que me habían pagado, me daba vueltas y vueltas por la cabeza, finalmente me fui a quejar, y sí, me debían 230 pesos.

Ayer soñé que me iba de viaje de egresados a Brasil con todos los pibes del call center.

En la pared, impresa cada letra en una hoja A4, una frase terrible terrible: “Si no puedes hacer lo que te guste, procura que te guste lo que haces”


Pero como todos dicen parece que es una de cal y una de arena.

Así que hoy el verdulero me prestó el envase de la cerveza, quiero decir, no me dio vale ni nada, me lo PRESTÓ, así de palabra. Desde atrás del mostrador, devolviéndome la plata, me dijo ‘cuando te acuerdes me lo traés’.

Me fui contenta, me siento un escalón más arriba en el almacén de la vida.

sábado, 15 de agosto de 2009

Una textura áspera, pero que al terminar de tocarla, un instante después, se recuerda como suave.
Algo que es infinitamente doloroso, pero que en el fondo, muy en el fondo, tiene un gusto dulce, y ese gusto hace casi imposible abandonarlo.
La mediocridad que se disfruta.
Lo no juzgable.
La hilacha.

sábado, 8 de agosto de 2009



Satisfacción.

(a pesar de la persistente lluvia en la pantalla de la tele)

domingo, 2 de agosto de 2009

III

Todas las contradicciones juntas. Se sabe contradictoria pero no puede dejar de reprochárselo. De pedir respuestas que no van a llegar antes de tiempo. De exigir determinaciones. No puede dejar de culparse por la falta de sinceridad. Por su mundo interno no compartido. Todo es contradicción. Ni esta ciudad, ni esta música, ni este lugar físico, son cosas coherentes entre sí. Cada una con la otra y cada una con sí misma se contradicen infinidad de veces.

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III
Así que.
Ernesto está en el trabajo.
Franca sola en su casa.
Ordena algunas cosas, superficialmente.
Se cocina algo simple.
Y en un momento decide irse.
El pensamiento en sí mismo ya es impactante.
De repente siente miedo.
El miedo de la decisión tomada.
El miedo de los riesgos que se asumen instantáneamente.
Mira el departamento.
Todos sus objetos conocidos.
Todos los objetos conocidos de Ernesto.
Toda esa construcción de años.
Siente la necesidad de irse en todo su cuerpo.
No es el mundo-barro el que la empuja a escapar.
Es ese otro mundo, el que vive el noventa por ciento de su tiempo.
Es ese mundo y no otra cosa el que casi la obliga a correr.
Decide irse al día siguiente, pero no sabe a donde, y eso la asusta.
Falta toda la tarde y toda la noche. Bloqueada en una silla del comedor no sabe que hacer con su tiempo.
De repente, en un instante, todo el departamento ya no le pertenece.
Así que se queda sentada frente al plato del almuerzo ya vacío.
Franca inmóvil de miedo hasta que llega la noche.
Inmóvil incluso cuando siente las llaves de Ernesto en la puerta.
Cuando lo ve entrar, como cada noche, pero viéndolo ahora tan desde otro lugar.
Y cuando escucha el saludo, y lo responde casi imperceptiblemente, se da cuenta de que ya no siente miedo, sino tristeza.
Ernesto se sienta frente a ella, aún antes de prender la luz inexplicablemente apagada, aún antes de dejar su abrigo, aún antes de acomodar los individuales y prender la tele.
Ernesto intuye el derrumbamiento. Mira a Franca sin decirle nada.
Descubre las lágrimas de ella casi al mismo tiempo que siente llegar las propias.
Franca siente que no hay conversación posible.
No saben cuanto tiempo dejan pasar así, pero en silencio y en la oscuridad se despiden.
La mañana está ya bastante avanzada cuando Franca sale con su pequeño bolso, Ernesto sigue durmiendo.
No se levanta para ir a trabajar.

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No podemos comprender el sentido del dolor.

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(Del dolor se aprende?)